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La hipocresía intrínseca del ser humano

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Cuando nuestra opinión sobre un tema, estamos dando a conocer más cosas. Nuestra perspectiva sobre la vida, nuestra ideología, nuestros gustos y, aunque de una manera más indirecta, nuestra personalidad y forma de comportarnos ante el mundo. Con tan solo un argumento dejamos salir a la luz nuestros pensamientos más internos y, de algún modo, dejamos la cara al descubierto frente a la sociedad. Quitándonos de una manera figurada la careta que conformamos para mostrarnos en ella. Está claro que podemos mentir y afirmar lo más popular o aceptado para encajar aunque esto no sea lo que realmente pensemos. Para esto me gusta usar el sabio refrán que dice "se pilla antes a un mentiroso que a un cojo". Tras una conversación en la que un grupo de personas argumenta sobre algo, siempre se va a desenmascarar las verdaderas ideas de cada uno. Pero sobre esto no va esta entrada. A lo largo de la literatura se ha jugado mucho con la supuesta maldad intrínseca del ser humano. Solo basta...

La percepción de la belleza

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Una vez que las necesidades básicas, como son comer, tener una vivienda, tener ropa, etc., están cubiertas, el ser humano fija otras necesidades materiales y físicas. Si una persona no tiene dinero para comer su principal preocupación va a ser esa y no comprarse un móvil de última generación. Al igual que con esto pasa con la belleza. El encontrarnos físicamente atractivos ha pasado a ser una gran preocupación y un motivo de depresión e incluso marginación social. Dependiendo del país, hay una serie de cánones de belleza fijados, pero ¿qué es la belleza en sí? Para la filosofía es una noción abstracta ligada a numerosos aspectos de la existencia humana, aunque vulgarmente la belleza se define como la característica de algo que a través de una experiencia sensorial (percepción) emite una sensación de placer o un sentimiento de satisfacción. Esto es aplicable tanto a seres humanos como a objetos, pero vamos a centrarnos en la belleza humana. Como ya es sabido la percepción, por ej...

¿Existe la maldad?

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A lo largo de la historia se han sucedido episodios de intolerancia, odio, etc. Personas como Hitler son comparadas con el mismo demonio. Al mismo tiempo ha habido personas dignas de admiración y respeto por sus actos. Por estas razones muchas personas, sino todos, tienden a creer en la existencia del mal o bien puro en la humanidad. El mal es la antítesis del bien. Es considerado como un acto de maldad, por ejemplo, todo lo que va en contra de la ley, como robar. Siguiendo con este ejemplo, sería considerado que el ladrón ha obrado mal, pero no que sea malo. Es muy conocida la expresión de “se comporta mal, pero tiene buen fondo”. ¿Quién decide que es obrar bien y mal? Ese mismo ladrón podría estar robando para poder mantener a su familia u a otras familias necesitadas. Todo cambia conforme la perspectiva que se mire. Un maltratador que pega a su mujer, a mi modo de ver, está obrando con maldad, pero él puede estar pensando que su mujer está haciendo algo horrible y la únic...

El innatismo y ambientalismo en las teorías evolucionistas

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El ser humano tiene un factor biológico y uno cultural.  Muchas veces hasta se afirma que la cultura crea una segunda naturaleza en nosotros. Esto crea un conflicto entre la relación de estas dos naturalezas. El innatismo toma una postura que afirma que la conducta humana viene marcada por nuestra naturaleza biológica, la cual está determinada por nuestros genes. La misma palabra lo dice: llamamos innato a algo que tenemos desde el nacimiento, es decir, algo que viene definido desde que nacemos. Un ejemplo podría ser la capacidad de memorizar, el nivel de timidez, etc. No obstante, los innatistas no se quedan ahí. Admiten que el entorno también influye, ya que esta herencia genética solo marca unos límites. Teniendo como base que nuestro factor biológico nos hace ser de una manera u otra, el entorno y los hábitos que tenemos pueden variar ligeramente esto. La mejor manera de verlo es un ejemplo: juntamos a dos personas con el mismo gen que les predispone a ser altos, si uno ...

La conciencia

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El alma siempre ha sido un tema muy recurrente en la filosofía. Desde Aristóteles a la actualidad pasando por Kant, han sido muchos los filósofos que han intentado definirla y buscarle un lugar donde situarla. De este modo, dando por hecho la existencia del alma, cabría la existencia de la conciencia. Gramaticalmente la palabra viene del latín. Como definición, es el acto psíquico mediante el cual una persona se percibe a sí misma en el mundo. ¿Formaría parte del alma? En mi opinión sí. El alma está compuesta por una especie de espíritu, algo que no posee una forma física. El alma nos guía en la toma de decisiones, bien sea para bien o para mal. Por lo tanto, la conciencia formaría parte de este ente ya que no se puede ver de forma física y tiene relación con los actos de nuestro día a día. Es un conocimiento reflexivo de las cosas. Es unitario, solo el propio individuo puede llegar a saber lo que tiene en su conciencia. Nadie más que él, podría saberlo. En definitiva, es todo...

El mito de la caja de Pandora

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En las civilizaciones más primitivas se usaba la acción de los dioses para explicar eventos naturales o como explicación a males. De esta manera se crearon los mitos. Hoy en día conservamos muchos mitos antiguos de diferentes civilizaciones, sobre todo mitos grecolatinos, un buen ejemplo podría ser el de La caja de Pandora, procedente de la mitología griega, que dice así: Un día Prometeo, titán amigo de los mortales, robó el fuego del carro del dios Sol para entregárselo a los mortales. Zeus, padre de los dioses y dios del trueno, al descubrir su robo entró en cólera y le pidió a Hefesto, dios del fuego y la forja, que creara a una mujer irresistible. Éste, con la ayuda de otros dioses, creó a Pandora. Zeus la presentó a Epimeteo, hermano de Prometeo, haciendo que éste se enamorara de ella. Decidieron casarse y como regalo de bodas Pandora recibió una caja la cual no debía abrir. Cuando la crearon le habían otorgado la curiosidad, por lo que no pudo resistir las ganas de...